EN PRIMERA PERSONA – Conocemos a EDE Fundazioa, entidad coordinadora de Tratu on+

31/10/2026

Entrevista EDE Fundazioa
Naiara y Anna – EDE Fundazioa

Naiara, Tratu on+ no nace de cero. ¿Qué aprendizajes del anterior proyecto Tratu on han sido fundamentales para dar forma a esta nueva etapa?

Una de las claves que veíamos imprescindible mantener es el valor de la construcción comunitaria. Ver y dar forma a las políticas de protección desde las experiencias de las entidades, desde el aprendizaje local y colectivo. Y la importancia de incorporar la participación de la administración pública en todo el proceso para que realmente sea algo construido por todas porque facilita el entendimiento, los lenguajes, las apuestas, los retos como algo colectivo…

¿Qué os llevó, Anna, a pensar que había llegado el momento de dar un paso más y ampliar el alcance del proyecto?
Llevábamos varios años construyendo nuestra forma de entender y trabajar el buen trato y la protección de la infancia a través de Tratu on, con experiencias como la desarrollada en Etxebarri. Sentíamos que había llegado el momento de dar un paso más: sistematizar lo aprendido y explorar cómo llevar esta metodología a otros lugares y contextos.Nos ilusionaba preguntarnos cómo sería si pudiéramos poner a prueba esta forma de trabajar en otros territorios, con otras entidades y en ámbitos diferentes.

La convocatoria europea CERV-Daphne nos dio el impulso para hacerlo realidad, sumando entidades con experiencias y miradas complementarias. Así surgió la idea de los proyectos piloto o sandboxes: espacios para experimentar, aprender y construir conjuntamente, descubriendo cómo adaptar y enriquecer el modelo en diferentes realidades. En definitiva, queríamos que Tratu on siguiera creciendo, sin perder su esencia: construir entornos más seguros, protectores y de buen trato para niñas, niños y adolescentes.

EDE Fundazioa asume la coordinación de un proyecto europeo de mayor dimensión. ¿Cuáles consideráis, Naiara, que son los principales retos de esta nueva etapa?

Yo mencionaría tres. Adaptar el modelo de Tratu on+ a diferentes contextos sin perder las claves del mismo. Porque a veces la realidad del terreno es complicada y tiende a comerse el proyecto, pero el proyecto tiene que mantenerse a largo plazo. La participación de personas de diferentes ámbitos, que a su vez vienen con diferentes recorridos, necesidades, preocupaciones, retos… Hacerles entender que el reto de la protección y buen trato es colectivo y comunitario. Y en tercer lugar, implicar a la administración pública en este proyecto donde los espacios de trabajo y el ritmo son diferentes a los que suelen tener.

Tratu on+ reúne a siete organizaciones con trayectorias y experiencias diferentes. Irati, ¿qué valor aporta esta diversidad y qué oportunidades abre el trabajo conjunto?

Tener socios tan diversos y tan potentes en el proyecto es una gran oportunidad para enriquecer el modelo Tratu on+. Poder poner acento en el bienestar emocional; medir y sistematizar el impacto del modelo en contextos diversos viendo lo común y lo diferencial en ellos; dar voz al proyecto en sí y empuje a la socialización de todo lo que hagamos para que otras personas se puedan sumar y lo quieran llevar a sus municipios... (Irati Izagirre)

Cuando hablamos de buen trato a la infancia y la adolescencia, ¿qué significa realmente llevarlo a la práctica en la vida cotidiana de una comunidad?

Entender nuestra responsabilidad individual y colectiva en la creación de entornos seguros. Esto no es cosa solo del profe, el entrenador/a o el monitorado. No es cuestión de un departamento o un técnico/a. Me implica a mí, cuestiona mis acciones, me exige prepararme, formarme. Abrirse a escuchar y hacer con otras. Sentirnos corresponsables en la protección, prevención, actuación y también en la reparación, desde donde nos toca. Y también toca a las entidades, a las organizaciones.

Anna, la participación de niñas, niños y adolescentes ocupa un lugar central en Tratu on+. ¿Qué necesitamos cambiar las personas adultas y las organizaciones para que su voz tenga una influencia real en las decisiones que les afectan?

Reconocer a las niñas, niños y adolescentes como sujetos de derecho, con voz y capacidad de aporte.
Ser más flexibles y no tener miedo a adaptarnos, a ir a otros ritmos donde prima el proceso y no tanto el resultado.
Simplificar nuestros lenguajes y salir de nuestras zonas de confort para conectar con sus intereses.

En estos meses comienza ya el trabajo de los cinco laboratorios piloto. Naiara, ¿Qué os gustaría que sucediera en esos espacios y qué esperáis aprender de ellos?

Nos encantaría que estos laboratorios fueran, ante todo, espacios de encuentro entre personas y entidades que comparten territorio, pero que no siempre tienen la oportunidad de trabajar juntas. Que puedan conocerse, reconocer lo que cada una aporta y descubrir todo lo que pueden construir en común.
Y nos gustaría poner el acento en que cuando terminen los pilotos, quieran seguir encontrándose y colaborando, porque hayan descubierto el valor de trabajar en red.

También esperamos aprender mucho de cada experiencia: descubrir nuevas formas de colaboración y ver cómo nuestras herramientas cobran vida en contextos diferentes, adaptándose a sus necesidades, particularidades y acentos propios. Porque de eso se trata también Tratu on+: de aprender juntos y construir un modelo que se enriquezca con cada territorio y cada experiencia.

Y finalmente, Anna, si miramos hacia el final del proyecto, a finales de 2027, ¿qué tendría que haber cambiado para que sintierais que Tratu on+ ha cumplido su propósito?

Nos gustaría encontrarnos con cinco comunidades que hayan dado un paso adelante en su forma de construir las políticas de buen trato y protección de la infancia y la adolescencia, trabajando de manera más colaborativa y compartida. Que las personas que hayan participado sientan que el viaje ha merecido la pena, que quieran seguir caminando juntas y que se animen a sumar nuevas voces, miradas y agentes para afrontar nuevos retos como comunidad. Y, especialmente saber que esos cinco territorios son lugares donde los niños, niñas y adolescentes se sienten más seguros, escuchados y protagonistas de las decisiones que les afectan. Porque, al final, ese es el verdadero sentido de todo este trabajo.